Me lo enseñó Don Andrés

02/11/19 Xerezmanía José María Aguilar

El fin de la era de la Quinta de Buitre se oficializó en la campaña 90-91. Tras el cese de Jon Benjamin Toshack y la dimisión del tándem Di Stefano-Camacho en el ecuador de la Liga, el equipo merengue estaba fuera de las plazas que daban acceso a Europa. Bruscamente se acabó el periplo ganador de esta saga de canteranos madridistas y fue entonces cuando, como medida de urgencia, se recurrió a Radomir Antic. El entrenador serbio (yugoslavo por aquel entonces) venía de firmar unas buenas temporadas en el Real Zaragoza y, en pleno proceso electoral de la entidad del Paseo de la Castellana y entre nombres ilustres sobrevolando el Bernabéu como Arrigo Sacchi o Pacho Maturana, llegó este humilde técnico a apagar el fuego blanco con un contrato hasta final de temporada. La segunda vuelta recordó a los mejores momentos de la Quinta del Buitre. Los Butragueño, Michel, Hugo Sánchez, Sanchís,… consiguieron de la mano de este metódico entrenador un fútbol ofensivo y pragmático que acarreaba puntos al zurrón madridista a espuertas. La Liga se puso imposible en la histórica eclosión del Barcelona de Johan Cruyff y al final el técnico serbio firmó una dignísima 3º posición.

Con Ramón Mendoza reelegido, el presidente blanco tuvo que tomar la “difícil” decisión de renovar a Antic. No era un entrenador del agrado de la directiva y casi tampoco gozaba de la simpatía del público, pero los números de Radomir salieron protestones. El equipo pronto le cogió el pulso a campaña 91-92 y marcó un inicio de Liga espectacular. Líder destacado con hasta 8 puntos sobre el Barcelona (la victoria sumaba por entonces 2 en vez de 3 puntos), al técnico serbio le salió un grano en el culo. La afición madridista, cuya infelicidad perenne con entrenadores, jugadores y juego del equipo sólo se torna color de rosa en los 10 segundos que dura el levantar una Copa, comenzó a preguntarse si, pese a ir líderes, el equipo jugaba bien. Y no, no jugaba bien. Jugaba práctico, jugaba sencillo, y sólo bastaron unos malos resultados para que la presión de prensa y aficionados surtiera efecto en Ramón Mendoza: Antic era destituido justo después de ganar en casa al Tenerife, yendo el equipo líder a 3 puntos del segundo y clasificado para Cuartos de la Copa de la UEFA y de la Copa del Rey.

Ayer fue uno de los momentos más amargos para mi xerecismo desde 2013. La carita de Carlos Orúe se nos apareció flotando en sueños justo al lado de la de Tébar. Quizás no se repitieran historias, pero sí el mismo final. Don Andrés García Tébar ha mantenido su marca personal de 2 de cada 3 puntos en su periplo en el Xerez Deportivo pero eso no ha sido suficiente para mantener su silla. Su rueda de prensa del partido de ayer debemos aceptarla como un testamento al que hacerle caso a pies juntillas. Sus agradecimientos a plantilla, Edu Villegas, Directiva y aficionados han sido todo un legado para abandonar la caza de brujas desde la misma noche de Halloween. Don Andrés, que es como se merece que se le llame a partir de ahora, se ha ido como el caballero que es, dejando al equipo segundo, pero disfrazando de abstracta infelicidad los verdaderos motivos justo 6 semanas después de que a mí personalmente me dijera que era feliz en Jerez y en el club. Pero Don Andrés ya no está.

Leo Beenhakker cogió el testigo de Radomir Antic y el Real Madrid acabó entregando la primera de sus dos Ligas en campo del Tenerife. Ese fue el bochornoso final de esta historia en cuya segunda vuelta el madridismo se dedicó a contar las jornadas que faltaban para acabar la Liga en vez de hablar del juego del equipo. Justo lo que suele pasar cuando para el logro de un objetivo común no estamos todos unidos. Todos, incluido usted que  ha llegado a leer hasta aquí y yo mismo, debemos de centrarnos en nuestra parcelita de xerecismo y sumar al bien común. Porque ni la Directiva, ni el Director Deportivo, ni el entrenador, ni los jugadores, ni la afición tienen la razón. La razón la tenemos todos cuando juntamos los hombros y la perdemos todos cuando nos separamos. Los ídolos se crean solos, no hay que fabricarlos, y los cabezas de turco sólo son trofeos de caza si no tenemos claro cual son las prioridades de este club. Ahora más que nunca, este proyecto necesita de toda la humildad y generosidad que cada uno de nosotros le pueda dar, sobre todo si cobra por ello. Me lo enseñó Don Andrés.

 

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