El vuelo de la igualdad

19/09/19 Xerezmanía Rubén Guerrero

Allí donde la vida de las mujeres no tiene valor, donde se las viola y mata sin freno, donde no tienen derechos sobre los hombres al ser consideradas ciudadanas de segunda, aparece una mujer con un balón. Allí donde miles de niñas tienen que soportar la ablación de clítoris, donde desde pequeñas son vendidas o prostituidas por su familia, aparece Patricia Campos Doménech (Onda, 1977). Allí es Uganda, aunque podría ser cualquier otro país de ese África olvidada por el mundo. Y ella es una mujer deportista, solidaria y con una vida de primeras veces, de abrir caminos donde hay muchas piedras.

Y allí, donde ni siquiera se valora la vida, donde la homosexualidad está perseguida, donde los hombres usan a las mujeres, llega Patricia con su balón para que chicos y chicas jueguen, todos juntos, al fútbol haciéndole un auténtico regate a la utopía. Allí, donde es impensable que hombres y mujeres puedan convivir al mismo nivel, esta valenciana consigue por unas horas que el balón sirva como elemento de unión e igualdad. No es la primera vez que Patricia logra alcanzar lo que parece imposible. "Cualquiera que sea el tamaño de nuestro sueño, tenemos el poder de alcanzarlo", afirma.

Nunca se rinde, a pesar de que jamás se lo han puesto fácil. Desde pequeña siempre se encontró con problemas para jugar al fútbol por el hecho de ser mujer. Los aviones se convirtieron en su otra gran pasión y sus vuelos la llevaron a convertirse en la primera mujer en España en pilotar un reactor en las Fuerzas Armadas, institución militar en la que estuvo ocho años y a la que accedió tras ser la número dos en unas oposiciones con másde doscientos aspirantes. Tiempo más que suficiente para comprobar el machismo y trato discriminatorio que hay en el Ejército, donde lo pasó realmente mal. 

 

A la mujer se le ve como mujer y no como una profesional más. Ni siquiera hay un servicio o vestuario de uso exclusivo para las mujeres. A la hora de ir al baño, tenía que salir fuera del lugar de trabajo. Incómoda por las situaciones vividas, decidió dejarlo porque no era feliz, no sin antes denunciar el trato machista y homófobo recibido. Aguantó hasta alcanzar su objetivo y se marchó tras darse cuenta de lo inhumanos que pueden llegar a ser los humanos. 

Los nuevos aires la llevaron hasta Estados Unidos, donde se convirtió en la primera entrenadora española y de Europa en dirigir -y ganar un título- a un equipo profesional americano. El machismo ha tratado de ponerle numerosas limitaciones, pero Patricia no ha doblado la rodilla en ningún momento. "Me han querido imponer muchas cosas y por eso recomiendo seguir adelante a pesar de todo lo que una mujer tiene que escuchar. Si no crees en ti, ¿quién lo va a hacer? Muchas veces, a lo largo de mi vida, he estado sola con mis ideas, oyendo a gente que me dice 'no puedes hacer eso, no lo hagas, nadie lo ha hecho antes, vas a sufrir y no lo vas a conseguir...'. Algo dentro de mí me dice que sí, que todo depende de nosotras y no hay nada imposible. Todo lo que necesitas para confiar en ti misma se encuentra en tu interior. Nosotras tenemos que ser las primeras en transmitir esa confianza creyendo en nosotras mismas y en nuestras posibilidades. Si estamos convencidas de nuestra valía personal, todo saldrá bien". 

En busca de nuevos imposibles se marchó a África como voluntaria de Volunteers HQ para entrenar a un equipo, dentro del proyecto Fútbol sin Fronteras, en Kampala (Uganda). En el país africano ha pasado por mil adversidades. Le han robado e intentaron secuestrarla. De ahí que el miedo sea un compañero de viaje inseparable. "Siempre temo por mi vida. Uganda es un país sin ley y con mucha desesperación. Ellos hacen lo que sea para intentar sobrevivir. Y el instinto de supervivencia puede hacernos cometer actos muy crueles. Duele mucho ver el trato que reciben las mujeres. Se les practica la ablación y, siendo niñas, son vendidas como esclavas domésticas o como prostitutas. Yo intento que entiendan que la educación es fundamental para tener un futuro digno. Por desgracia, muchas veces no son dueñas de su propia vida y no pueden decidir sobre su futuro".

Tanto en las Fuerzas Armadas como en el fútbol ha sufrido infinidad de zancadillas para evitar su progreso, para intentar que se aburra y que cejara en su empeño de alcanzar sus metas. «Vivimos en una sociedad machista y se refleja en la discriminación, en los abusos de todo tipo. En mi caso, desde pequeña no me dejaban jugar al fútbol porque era una niña. Más tarde, como piloto, recibí un trato diferente por ser mujer y, finalmente, en Uganda, las mujeres son consideradas ciudadanas de segunda categoría. Se las mata, viola y piensan que solo sirven para tener hijos. Cambiar el mundo es muy difícil, pero no intentarlo para mí todavía lo es más. Siendo mujer cuentas con menos apoyos o credibilidad, pero no hay nada imposible. Pienso que la felicidad se basa en creer en ti y nunca abandonar tus sueños", destaca.

En Uganda se presentó con la única compañía de un balón y sus botas de fútbol. Ella misma se autofinancia su voluntariado. Sin ropa, sin comida, sin agua, los niños jugaban con bolsas de plástico que ataban haciendo varios nudos. Hasta la llegada de Patricia, que no para de organizar en España partidos benéficos y exposiciones para recaudar material deportivo, escolar, ropa y comida para "mis niños de Uganda". Cada vez que vuelve a África cierra los ojos y sueña con encontrarse con un continente total- mente cambiado en el que los niños puedan ir a la escuela y las mujeres tengan un poco más de igualdad. Sueña con gente que sea capaz de derribar los muros existentes y que rompa con las inhumanas tradiciones. Pero al despertar acaba encontrándose nuevamente con muertes, hambres y enfermedades.

 

En la isla de Zinga descubrió que niños de cuatro años son disfrazados, con desagradables fines, de mujer; que una niña de tres años es violada por un monstruo de cuarenta; y que las niñas de ocho años se prostituyen por una pieza de pescado. En Uganda, los novios compran a sus mujeres a su familia y pasan a ser de su propiedad. Y las que no acceden a casarse, son secuestradas y encerradas hasta que yazcan con el marido. A los homosexuales se los quema directamente en una hoguera y a las lesbianas se las condena a ser violadas entre tres y cuatro hombres para que se den cuenta de que no lo son. 

Son los hombres los que deciden y organizan todo en una sociedad que le cierra todas las puertas a las mujeres. Por eso, lo conseguido por Patricia al juntar a chicos, chicas y enfermos de VIH alrededor de un balón tiene un mérito y valor incalculables. ¿Cómo logró convencer a los hombres en una sociedad machista hasta la muerte? "Con mi ejemplo, explicándoles que yo, como mujer, estudio y hago deporte. Contándoles que el deporte es fundamental en el desarrollo de una persona y pidiéndoles que me dejaran demostrárselo. A la hora de jugar, los niños saben que conmigo jugamos todos: mujeres, niñas, personas enfermas... Tenemos unas reglas basadas en el respeto y la igualdad, y tienen que seguirlas".

Entre tanta crueldad y barbarie, y a pesar de la pobreza, la violencia, la guerra, la opresión, las enfermedades, siempre aparecen sonrisas que invitan a creer en un futuro mejor. Es por eso por lo que la entrenadora española prefiere quedarse con las danzas, sonrisas y las ganas de vivir de las mujeres ugandesas. Y allí donde no hay luz aparece una mirada sincera y valiente. Allí donde la muerte asusta en cada esquina hay una mujer luchadora y solidaria que no se rinde ante las barreras. Allí donde las pesadillas tienen miedo de lo que ven hay un grito a la libertad, al entusiasmo y a la esperanza. 

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