El brazalete valiente

09/11/19 Xerezmanía José María Aguilar

Posiblemente la noche más trágica(1) para el españolismo no proviene de ningún descenso de categoría ni de ninguna de las variopintas goleadas de su máximo rival azulgrana. La noche más aciaga y de peor recuerdo para el españolismo sucedió un 18 de Mayo de 1988 en la alemana ciudad de Leverkusen tras perder la vuelta de la Final de la Copa de la UEFA en la tanda de penaltis. Con una defensa numantina en todo el campo, Javier Clemente llevó al modesto equipo periquito a superar todas las rondas batiéndose con conjuntos de la talla del Borussia Mönchengladbach, Inter de Milán o el incipiente AC Milán de Arrigo Sacchi, Gullit o Van Basten. La final, a doble partido, empezó bien para los periquitos. Sebastián Losada por dos veces y ‘Chuchi’ Soler, dejaron visto para sentencia que el próximo ganador de la Copa de la UEFA la luciría a orillas del Mediterráneo. Sólo faltaba el trámite de jugar los 90 minutos del partido de vuelta ante el equipo de la aspirina, el Bayer Leverkusen,… pero a Javi Clemente le dio por sentar de inicio a uno de sus jugadores más en forma, Ernesto Valverde.

Con planteamiento reservón, el partido de vuelta fue un ataque continuo alemán. Sin capacidad de respuesta visitante, la afición perica contaba los minutos como quien cuenta ovejas para dormir hasta que llegó el 1-0 en el 57’. Luego todo fue una pesadilla. Los locales arrollaron a un Español que sufría espasmos en el recto y, con esas, el Bayer empató la eliminatoria a 9 minutos del final. La prórroga acabó sin goles y en la tanda de penaltis, Javi Clemente le pidió a ‘Pipiolo’ Losada que tirara el último de los penaltis. “¿Yo? ¿Y qué hago míster?”, dijo a sus 20 años el delantero. “¿Qué vas a hacer, darle una hostia y ya está?” contestó con su delicadeza habitual el técnico de Baracaldo. El Español necesitaba marcar ese último penalti para no ver volar la Copa que vio ganada una semana antes y fue entonces cuando Losada se dirigió al balón en carrera y…

…y Bello falló el penalti en Córdoba. Los tres puntos que el Xerez Deportivo debía disputar en la Ciudad Deportiva no eran nada fáciles. Tras una semana dura, de tres partidos y en la que el primero de ellos fue el siempre estresante encuentro ante el Xerez CD, tras la sorprendente dimisión del técnico xerecista, Murphy y su famosa ley estaban con la caña preparada para hacernos tropezar justo cuando más daño haría. Un penalti a favor en los primeros compases del partido parecía que nos pondría las cosas más fáciles y, como no, Antonio Bello pidió el balón como en las tres veces anteriores que acabó marcando. Por la derecha, por la izquierda, ajustándola al palo, de pegada fuerte,… se le estaba acabando el repertorio de penaltis ejecutados y decidió tirar de confianza para lanzarlo al estilo Panenka. Pero el balón, manso y tontorrón, se fue liviano por encima del larguero. Bello y su cara de póker miraron al césped y todo parecía que iba a salir mal hasta que Colorado hizo justicia al juego azulino dejando ese insolente balón en una anécdota.

Bello lleva una temporada espectacular. Pese a lo que dice su DNI, creo que está mucho más en forma que la pasada campaña en la que a partir del minuto 30’ parecía que se acababa la glucosa futbolera. En cambio, este año Bello tiene ganas de fiesta en Chapín y de vernos de borrachera sobre las crines de la estatua de la Plaza del Caballo y para ello le está mostrando al balón su lado más pícaro y travieso aliñado de su habitual pundonor. La bravura de Antonio Bello tiene el peaje de las numerosas tarjetas que obtiene cada campaña para ser un jugador de su posición. Pero no hay nada más bello que el coraje, garra y hambre de éxitos de este jugador veterano que ya cuenta las temporadas hasta el final. Y ahí Antonio, más que bello, está siendo precioso como lo fue en su día la gallardía con la que se arrancó el ‘Pipiolo’ Losada cuando azuzó el balón en Leverkusen y pese a que casi lo saca del Estadio. Porque si hay que asumir la responsabilidad de tirar los penaltis de este equipo, por sus cojones que fallará tantas veces en Córdoba como haya que fallar mientras no se le hiele la sangre. Porque igual que no hay que ser valiente después de ganar, sino antes de saber que puedes perder, tampoco se es capitán por llevar un brazalete, sino por saberlo defender con valentía. Y este brazalete ha nacido para morir en el brazo de Bello.

 

 

(1) La noche más trágica para la afición españolista fue y seguirá siendo el día que un niño de 13 falleció por impacto de una bengala (15-03-1992)

 

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